jueves, 7 de junio de 2012

KDD-2012

Apenas había podido dormir en toda la noche. María llevaba tiempo esperando ese día y aunque estaba agotada y con un ligero dolor de cabeza, se sentía feliz porque ese día ya había llegado. Por un lado le aterrorizaba la idea de encontrarse cara a cara con las personas con las que desde hacía meses, algunas incluso años, llevaba chateando, pero por otro lado necesitaba ponerles voz y compartir con ellos algo más que reflexiones, fotografías y bromas tras una pantalla. Además ese día tan especial, no sólo le daría la oportunidad de conocer personalmente a las cuarenta y cinco personas que se habían armado de valor para la quedada, con un poco de suerte, si lograba vencer su timidez se acercaría definitivamente a Juan.
Éste, claramente parecía sentirse atraído por María y ella lo sabía. Cuando entraban en conversación varias personas, siempre la defendía y decía medio en broma, medio en serio, que era su novia. Entonces María se quedaba bloqueada durante varios minutos sin poder escribir nada, luego, una vez recuperada, se excusaba diciendo que había tenido que salir un momento de casa.


Después de ducharse y ponerse el vestido que días antes había comprado para la ocasión, se perfumó tanto que su madre desde el comedor le dijo que llegaba el olor. Ella sonrió, y sin contestar  pensó que el día sería largo y con el calor que estaba haciendo, no quería que el olor a sudor le arruinara el día. De todas formas ya había metido en su bolso el perfume, un desodorante y maquillaje para retocarse si hiciera falta.

Cuando se acercó a la plaza donde habían quedado, vio una discreta pancarta donde rezaba: KDD-2012. Aún faltaban veinte minutos para la hora fijada, pero ya estaban casi todos charlando alegremente. Enseguida reconoció a varios amigos a los que saludó. Se sorprendió del físico y de algunas voces a las que ella había dado forma en su inconsciente, pero rápidamente se sintió entre amigos de verdad.
Se estaba riendo por la broma que había hecho uno de los chicos más jóvenes, cuando unas manos grandes y suaves desde atrás le taparon los ojos bloqueando todos sus sentidos.
-¿Quién soy? –Dijo la voz sin apartar sus manos.
Había hablado por teléfono varias veces con Juan, y estaba segura de que era él, pero se puso tan nerviosa que no dijo nada. Se limitó a apartar las manos y girarse. Juan sin mediar palabra le dio dos besos que la sonrojaron y bloquearon aún más. Por suerte para ella, otro de los chicos de la quedada se interpuso entre ellos dándole un fuerte abrazo a Juan y llevándoselo al grupo de una docena de jóvenes del que había venido.
Unos minutos más tarde, María pudo seguir hablando con sus amigos, y aunque de vez en cuando dedicaba una mirada de soslayo a Juan, éste parecía sentirse cómodo con su grupo.
Empezó a sentirse contrariada, desde luego estaba enamorada de Juan, pero a la vez prefería que éste se mantuviera distante, al menos por el momento, ya que el día sería muy largo y prefería ir muy despacio.
El grupo empezó a caminar hacia el restaurante donde comerían. Una vez allí los camareros sirvieron en la barra un aperitivo mientras colocaban las mesas del comedor. María aprovechó para saludar a la gente con la que no tenía tanta relación, pero a la que le apetecía conocer. Cuando alguien dijo que podían entrar al comedor, Juan la cogió de la mano y en silencio la llevó hacía dentro para que pudieran sentarse juntos.
Apenas probaron bocado, y las dos horas que duró la comida, las pasaron charlando y riendo. María no se había sentido tan feliz en toda su vida, estaba sentada junto a la persona que amaba, él parecía corresponderla y además estaba venciendo su timidez.

Siguiendo el itinerario marcado, tras la comida fueron a hacer una visita guiada al Templo de Debod. La pareja, atendiendo a cada palabra del guía, no se separó ni un instante. Luego el grupo dando un agradable y tranquilo paseo entró en una sala de cine donde estrenaban un documental sobre historia. Juan y María volvieron a sentarse juntos. Cuando las luces se apagaron y la pantalla empezó a mostrar una serie de bellas imágenes, Juan se acercó a María, ella se giró y como si de un guión se tratara se dieron un largo y apasionado beso en los labios. Luego vino otro, y así durante todo el documental. Cuando las luces del cine iluminaron la sala, tuvieron que aguantar alguna broma de los que les habían visto, pero a ellos no les importó.

El día estaba tocando a su fin y todos eran conscientes, por eso otras dos parejas aprovecharon esas últimas horas, y se despidieron para ir lugares más tranquilos, lejos de las miradas de algunos que ya estaban empezando a criticarles.

María decidió que ya era hora de irse a casa, estaba refrescado, y como le había prometido a su madre que llegaría antes de anochecer, no quería preocuparla. Juan le propuso acompañarla, pero ella no quiso, prefería acompañarlo a él hasta su coche, ya que él vivía en otra ciudad y aún tenía unas horas por delante conduciendo. Durante el trayecto, que lo hicieron cogidos de la mano, no pararon de hablar. Juan, que llevaba atado un fino jersey a la cintura, se lo puso a María sobre sus desnudos hombros, ella le miró y volvieron a besarse en mitad de la concurrida acera. 
La despedida fue muy pasional, y aunque deseaban terminar la noche en un hotel, ambos querían ir despacio. Ya tendrían tiempo de planear una nueva cita.

A la mañana siguiente María llamó varias veces al móvil de Juan, pero una voz le decía una y otra vez que ese número no existía, o el abonado lo había dado de baja. Tampoco se había conectado a internet. Decidida, marcó el número de su casa.
-Si, dígame -contestó una voz madura de mujer.
-Hola me llamo María, soy amiga de Juan, y quería hablar con él si es posible.
-¿Perdón?
-Soy María –dijo ésta de nuevo-. Ayer estuve con Juan y se dejó olvidado su jersey, ¿podría decirle que me llame cuando pueda?
-Señorita, ¿qué broma macabra es esta?
A María no le salieron las palabras, no entendía qué quería decir la mujer que supuestamente era madre de Juan. Tras unos segundos de silencio entre ambas, María lo intentó de nuevo:
-Perdone señora, puede que no me haya entendido, yo pregunto por Juan. Es que ayer estuvimos juntos con otros amigos y quedamos en llamarnos, pero su teléfono parece estar mal.
-Si se trata de una broma pesada, creo que ya me has hecho suficiente daño -dijo secamente-, no insistas, por favor, y no vuelvas a llamar aquí.
La mujer empezó a llorar al otro lado del teléfono. María estaba cada vez más nerviosa y perdida, pero tenía que saber algo más, quizás la mujer no estaba bien. Insistió:
-Señora, siento haberla entristecido, yo sólo quería saber si Juan está bien.

-Lo que estás haciendo es de muy mal gusto, por favor no vuelvas a llamar nunca más. Es imposible que Juan estuviese ayer contigo ni con nadie más, ayer hizo tres años que mi hijo Juan murió en un accidente de tráfico.     

Adaptación de una vieja leyenda urbana. 
Vicente Ortiz Guardado. 

4 comentarios:

  1. Muy chulo,pero esto es una historia de fantasmas jejeje

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  2. Gracias. Hombre de fantasmas o de lo que quieras imaginar, hay varias lecturas.

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  3. Me encanta!!!!!!
    Vicentin es muy chula y no se porque me recuerda a algo, sobretodo el principio jeje.
    Sigue así mi amor.

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