lunes, 14 de octubre de 2013

El ser.

Un estridente chirrido lo despertó. Conforme abrió los ojos, casi a cámara lenta, el sonido se fue desvaneciendo. Miró a un lado, luego al otro. Lo hizo muy lentamente, puede que por miedo a que le escucharan. Todo parecía en calma. Excepto por su respiración, el silencio era casi absoluto.
Por la ventana de su habitación se colaba la claridad de una farola cercana que dibujaba un rectángulo en la pared. Le daba cierta tranquilidad no estar totalmente a oscuras.
Se fue destapando lentamente. Primero apartando las mantas con las manos y luego con la ayuda de los pies para no incorporarse directamente. Finalmente se decidió a levantarse y empezó a caminar de puntillas. Antes de salir de la habitación miró atrás. Algo pasó en ese momento cerca de la ventana haciendo un ruido que no supo describir, algo como un zumbido chirriante. El perfecto rectángulo que iluminaba la ventana quedó casi borrado durante unos segundos. Seguramente un pájaro estaba revoloteando alrededor de la farola.
Encendió la luz. Se relajó. Luego hizo lo propio con las del pasillo y con la de la cocina. Mientras sonreía, se sirvió un vaso de leche. Se lo tomó de un trago. Inspiró profundamente y dio media vuelta para volver a la cama. Una a una fue apagando todas las luces que había encendido. Tumbado bocarriba, se quedó mirando la pared hasta que el sueño empezó a aparecer de nuevo, pero otra vez ese sonido lo puso en alerta. Desesperado se frotó los ojos antes de levantarse y decidirse a mirar qué era lo que había en la calle. Cuando se dispuso a abrir la ventana apareció ante él una siniestra figura. Cayó sobre la cama sin poder apartar la mirada de aquel ser. El sonido empezó a aumentar de volumen, posiblemente provenía del sus alas. Su cuerpo tenía ciertos rasgos “humanos”, pero lo más impactante en aquel ente, era su mirada.

Desde la calle, el enorme insecto lo estudió a fondo con sus gigantescos ojos rojos. Luego desapareció.
Bloqueado sobre la cama lo encontraron dos días después balbuceando algo sin sentido. Tras el diagnóstico médico lo ingresaron en un hospital psiquiátrico.

Restablecido, meses después empezó a hacer vida normal. Una noche en la que dormía plácidamente se despertó alertado por un sonido familiar. Se levantó y abrió la ventana. No tardó en aparecer el misterioso ser que tiempo atrás lo había trastornado. Cara a cara se contemplaron unos segundos, casi podían tocarse. Fuera lo que fuera aquello, no era de este mundo, no podía serlo. Era tan alto como él, pero la envergadura de sus alas lo hacía mucho más grande.
Dio unos pasos atrás y sacó algo que llevaba un tiempo escondido bajo la almohada. El ente no desconfío al ver el reflejo que la hoja dibujó haciendo un arco en el aire. Es más, podría pensarse que lo esperaba. Sus ojos rojizos se apagaron cuando el enorme cuchillo se incrustó en el centro de su cráneo.

Días más tarde lo encontraron bloqueado de nuevo sobre su cama. Esta vez no balbuceaba. Insertado entre sus ojos, un cuchillo de cocina había acabado con su sufrimiento.      

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Relato inspirado en el Mothman.
Vicente Ortiz Guardado
14-10-13
Derechos de autor: Relato registrado en Safe Creative. Código de registro 1803056011018

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